El futuro de las fragancias: las preguntas que están marcando el sector

La industria de las fragancias siempre ha evolucionado al ritmo de los cambios sociales, tecnológicos y culturales. En los últimos años, además, esa evolución parece avanzar en varias direcciones al mismo tiempo. Aparecen nuevas herramientas para crear, se multiplican los formatos y también cambia la forma en la que las generaciones más jóvenes se relacionan con el olor.

Por eso, las conversaciones del sector ya no giran únicamente alrededor de las notas que tendrán más presencia la próxima temporada. La atención también está puesta en cómo se desarrollarán las fragancias y en los nuevos espacios que pueden ocupar. Todo ello mientras una parte del público descubre productos a través de una pantalla y utiliza el perfume como una forma más de expresar su identidad.

En este contexto, hay algunas preguntas que aparecen cada vez con más frecuencia y que ayudan a entender hacia dónde se está moviendo la industria.

¿Qué papel tendrá la inteligencia artificial en la creación de fragancias?

Cuando se habla de inteligencia artificial en la industria de las fragancias, es fácil imaginar un algoritmo creando una fórmula de principio a fin. En la práctica, su papel es bastante más amplio y también más complejo.

Una herramienta para ampliar posibilidades

La inteligencia artificial puede analizar grandes cantidades de información y encontrar relaciones entre materias primas. A partir de esos datos, permite explorar combinaciones que quizá no surgirían de forma inmediata durante el proceso creativo.

También puede ayudar a interpretar información sobre el mercado y las preferencias del consumidor. Esto permite trabajar con más referencias desde el inicio y agilizar algunas fases del desarrollo. Pero tener más opciones disponibles no significa que todas conduzcan a una buena fragancia.

Las fórmulas necesitan interpretación

Una composición puede estar perfectamente equilibrada y, aun así, no transmitir la sensación que se buscaba. También puede funcionar sobre una tira olfativa, pero comportarse de manera distinta cuando se incorpora a la fórmula final.

Ahí entran la experiencia y el criterio de quienes crean y evalúan. La inteligencia artificial puede sugerir un camino, mientras que el equipo de desarrollo debe decidir si ese camino encaja con el producto y con la identidad de la marca.

Quizá la gran pregunta no sea si la inteligencia artificial puede crear una fragancia, sino cómo utilizarla para explorar nuevas posibilidades sin que los resultados pierdan personalidad.

¿Hasta dónde pueden llegar los nuevos formatos de fragancia?

El perfume en spray continúa siendo una referencia central, pero hace tiempo que ha dejado de ser la única forma de relacionarnos con una fragancia. Otros formatos están ganando terreno y cambiando el lugar que ocupa la fragancia dentro de la rutina:

  • Perfumes sólidos: permiten una aplicación más localizada y suelen presentarse en formatos fáciles de llevar.
  • Aceites: proponen una relación más directa con la piel y una aplicación más pausada.
  • Brumas corporales o capilares: ofrecen una sensación más ligera y facilitan reaplicar el producto.
  • Fragancias de base acuosa o sin alcohol: abren otras posibilidades de formulación y responden a nuevas preferencias de uso.

Esta evolución también está acercando la fragancia al universo del skincare. La llamada skinification se refleja en productos que integran el perfume dentro de la rutina de cuidado personal, prestando más atención a su relación con la piel.

El cambio se extiende al hogar y al cuidado de la ropa, donde los potenciadores de aroma, los productos concentrados y las propuestas híbridas están dando más protagonismo a la fragancia dentro de categorías tradicionalmente vinculadas a la funcionalidad.

Cambiar el formato también cambia la fragancia

Desarrollar un perfume sólido o una fragancia para detergente requiere planteamientos diferentes. La base influye en el comportamiento de la composición y en la forma en la que se percibe.

También cambia el momento de uso. Algunas fragancias deben generar una impresión inmediata, mientras que otras están pensadas para evolucionar poco a poco o reaparecer más tarde.

Por eso, explorar un formato nuevo implica pensar en toda la experiencia. Antes de trasladar una propuesta, hay que entender cómo se utilizará el producto y qué sensación debería dejar.

¿Qué busca la generación Z en una fragancia?

Para buena parte de la generación Z, el descubrimiento de una fragancia empieza en una pantalla. Las recomendaciones de creadores permiten conocer nuevos lanzamientos y, en algunos casos, decidir la compra antes de haberlos olido. Es lo que se conoce como blind buy, una práctica que hace todavía más importante la forma de comunicar la experiencia a través de palabras e imágenes.

Las notas ya no lo explican todo

Ante este reto, ha surgido una forma de hablar sobre fragancias más visual y emocional. En lugar de describir únicamente la composición, muchos contenidos explican cómo hace sentir o qué tipo de personalidad representa.

Así aparecen expresiones como “olor a ropa limpia” o “perfume para sentirse en calma”. Quizá no expliquen exactamente qué contiene la fórmula, pero consiguen que el público imagine rápidamente la experiencia.

Este nuevo lenguaje no elimina el vocabulario olfativo tradicional. Lo complementa y lo acerca a personas que empiezan a interesarse por el sector sin conocer todavía todas sus referencias.

Una forma más flexible de utilizar la fragancia

También está cambiando la idea de tener un único perfume como firma personal. Frente a esa elección para toda la vida, gana terreno el concepto de scent wardrobe o armario olfativo, que consiste en contar con varias fragancias y elegir una u otra según el momento o cómo quiere sentirse la persona ese día.

Los formatos más accesibles y las colecciones de menor tamaño facilitan esta forma de experimentar, especialmente entre el público más joven.

Esta forma más flexible de relacionarse con la fragancia genera oportunidades para las marcas, aunque también acelera la aparición y desaparición de tendencias. Una nota puede hacerse viral y llenar el mercado de propuestas similares en muy poco tiempo.

La clave está en mirar más allá de esa popularidad inmediata. Entender por qué algo está conectando permite detectar necesidades con más recorrido. En algunos casos, puede haber una búsqueda de bienestar o personalización. En otros, una nueva manera de expresar la propia identidad.

Nuevas preguntas para nuevos desarrollos

La inteligencia artificial está ampliando las herramientas disponibles para crear y está cambiando la manera en la que el consumidor descubre y elige estos productos. Para las marcas, esto supone tener más posibilidades, pero también más decisiones que tomar. Incorporar una tecnología o apostar por un formato diferente tiene sentido cuando responde a una necesidad concreta y encaja con la experiencia que se quiere ofrecer.

En Bordas seguimos de cerca estos cambios para valorar cómo pueden trasladarse a cada desarrollo. Trabajamos teniendo en cuenta las necesidades del producto y la identidad de cada marca.

El futuro de la industria todavía deja muchas preguntas abiertas. Y probablemente ahí esté lo más interesante: en todo lo que aún queda por explorar.

Entradas recientes

¿Qué andas buscando?